Este no es un pensamiento nocturno, tampoco nada poético.
Encuentro un poco mas sencillo relatar mis vivencias que crear ficciones fantásticas, pero aún así me cuesta afrontar y aceptar lo que me pasa. Creo que expresándolo mediante mis dedos en un teclado se me hace más fácil.
En septiembre de 2013, con 16 años recién cumplidos, conocí a una persona que significaría mucho por los siguientes 4 años de mi vida. No escribo su nombre porque no es de importancia, pero movió mi mundo de una manera muy particular. Gracias a su presencia en mi vida conocí lo que es el amor, lo que es enamorarse, y lo que es dejar todo por la persona que amas (aunque eso no esté bien).
Ya lo conocía, aunque no en serio, porque una amiga mía se había besado algunas veces y compartido alguna que otra situación con él. Me daba miedo que me gustara un chico que había pasado por sus labios. Y cuando ella lo supo, se molestó lo suficiente como para distanciarnos un poco. El principio de la relación fue algo tortuoso, mis amigas estaban casi en mi contra.
Más allá de eso, congeniamos casi inmediatamente. Reímos, nos besamos, tuvimos sexo y una conexión increíble para mí. Y para él también. Aproximadamente al mes de haber empezado a vernos oficializamos la relación. Pero él seguía coqueteando con otras chicas y eso me hacía sentir mal, lo que fue un problema durante casi la mitad de nuestra relación.
El primer día de 2014 me dijo que me amaba, algo borracho y mientras hacíamos el amor. Fue una sensación increíble, que ya olvidé. Yo estaba en la cima del mundo. Luego de esto se quedó dormido y yo me fui a mi casa.
Hasta aquí todo bien. Antes de cumplir el año tuvimos peleas grandísimas, una de ellas porque estando borrachos revisé su celular (error, nunca lo hagan) y encontré conversaciones con todas y cada una de las chicas que conocía y había querido tener algo o había concretado. Luego él solicitó mi contraseña del facebook y yo, como buena idiota, se la di. No tenía nada, por supuesto, más allá de alguna conversación con algún amigo en la que dijera un chiste de tono elevado. Pero ahí comenzó su desmedida desconfianza hacia mí. E irónicamente, mi confianza hacia él.
Lo que pasaba era que no quería tener una relación en la que estuviera preocupándome todo el tiempo por lo que él estuviera haciendo o dejando de hacer. Y a él le pasó lo contrario.
Empezó a hacerme la vida imposible. Todo le provocaba una profunda inseguridad y terminé peleándome con amigos porque era muy tonta para ponerle los límites a él. Hasta llegó a desconfiar de un amigo suyo, pero esa inseguridad la proyectaba en mí y no en su amigo. Su desconfianza nació el día de mi cumpleaños de 18, en el que su amigo se acercó a decirme algo, y mi novio pensó que me estaba pidiendo un beso. Ya sé, una locura. Me machacaba el cerebro queriendo sacarme información sobre esto, y la verdad es que no había nada que contar. Y esta es solo una pequeña faceta de lo que fue su desconfianza hacia mí.
A pesar de no inmiscuir en su vida, o gracias a ello mejor dicho, me llegó el comentario de que había tenido sexo con una amiga suya. El comentario, lamentablemente, llegó a mis oídos casi un año después de sucedido, y no sé por qué se sentía incorrecto romper la relación a raíz de eso.
Pero fue un punto de quiebre, porque ahí empezó a caer nuestra relación. No en picada, muy paulatinamente.
Me desencanté, empecé a pensar en todas las cosas horribles que me había hecho y que yo había hecho por él. Y hace dos meses me separé de él. Con dolor, con miedo, con mucha y profunda tristeza.
Hoy cuento lo malo, que fue mucho, pero ya contaré lo bueno, que fue mucho también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario